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OGM, sin evidencia de daños a la salud

Cuando escuchamos que un alimento ha sido genéticamente modificado, inmediatamente lo asociamos con impactos negativos tanto para la salud como para el medio ambiente. Sin embargo, hasta el momento no existe evidencia científica sobre el presunto daño que estos Organismos Genéticamente Modificados (OGM) pueden tener en la salud; afirmó la investigadora del Departamento de Biotecnología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Clara Pelayo Saldívar.

La académica expuso que desde que las plantas existen han sufrido una infinidad de procesos de transferencia genética horizontal, esto es, de un organismo a otro de manera natural; afirmó que inclusive hay especies con genes de bacterias en sus cloroplastos y los seres humanos tenemos genes de aquellas a nivel mitocondrial, permitiendo así la evolución.

La especialista aseguró que los procesos de modificación han ocurrido siempre y no por eso ha provocado problemas; por el contrario aportan algunos beneficios a la salud, pues actualmente se está enfocando en modificar productos orientados a contribuir a la salud, pues anteriormente estaban muy enfocados a obtener plantas resistentes a plagas, así como al rendimiento de las cosechas.

Pelayo Saldívar afirmó que se tendría una mayor aceptación de los organismos genéticamente modificados si se le informara al consumidor que un producto de este tipo posee cualidades que pueden beneficiar la salud en términos nutricionales, fortalecer el sistema inmune y con ello, prevenir enfermedades.

Ejemplificó que si se advirtiera a la población que un tipo de arroz tiene altas concentraciones de betacaroteno, compuesto que previene el cáncer, seguramente la mayoría de las personas estarían muy interesadas en su consumo.

Aunque reconoció que es necesario establecer normas y reglas que garanticen la seguridad en el consumo de organismos genéticamente modificados, los cuales afirma, han llegado para quedarse, ya que su presencia a nivel industrial es básica.

Precisó que 27 países destinan más de 134 millones de hectáreas al cultivo de esos organismos, los cuales son consumidos por más de 300 millones de personas en 50 países.

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